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Becada en Fonda Sala

10 diciembre, 2010

Conforme se va haciendo uno mayor, se van culminando metas gastronómicas… es como si hubiese etapas en la vida de todo “gourmet” que se precie, que tarde o temprano deben completarse, de modo que periódicamente uno puede ir diciendo “ya he probado tal, ya me puedo morir tranquilo”.

Muchas de ellas, aunque no todas, van asociadas a productos estrella de la gastronomía clásica francesa y/o productos con precios muy elevados, aburguesados, o asociados a algún tipo de tabú. Claros ejemplos serían el champán, la ostra, la langosta, la lamprea, la trufa, el foie, el durián, el caviar, la angula, la sopa de tortuga, el fugú o el Vega Sicilia. La lista, afortunadamente, es lo suficientemente amplia como para poder dedicarle una vida entera a ir tachando.

Aprovechando el puente y la temporada de caza, pudimos “tachar” uno de los ítems que más ilusión nos hacían: LA BECADA, esa escurridiza ave conocida como la reina de los bosques, seguramente el plato más emblemático de la caza y al que le teníamos muchas ganas.

Pudimos degustarla en un restaurante señero en estas lides, La Fonda Sala, en Olost de Lluçanès (www.fondasala.com), donde Toni Sala, un clásico de la cocina catalana, las prepara según la receta canónica del salmís.

Lo curioso es que no íbamos a por Becada, sino que acudimos tentados de degustar algún plato de trufa blanca, de la que creíamos que aún tendrían existencias. No fue así, pero una de cal y otra de arena, la diosa fortuna nos compensó el disgusto inicial con la presencia de becada en la carta, y con los inicios de la temporada de trufa negra, que pese a que aún no está en su mejor momento, siempre se agradece.

Así, después de unos aperitivos de temporada: la omnipresente cremita de calabaza, que pese a estar muy rica, ya empieza a cansar de tanto verla como aperitivo; ¿no se le puede dar algún otro uso a esta entrañable cucurbitácea?, y un correcto tartar de salmón.

…Atacamos los primeros, generosamente coronados a base de trufa negra (repito, poco aromática por las fechas en que estamos): huevos revueltos y canelón de faisán.

Como plato principal, Sonia atacó un civet de rebeco (“cabirol” en catalán, que venía en sustitución del civet de jabalí que figuraba en carta pero que se había agotado)

…Y servidor se lanzó de bruces a la Becada. Una primera incursión que me gustó mucho, con una carne firme y un sabor potente y profundo a bosque. Fabulosa la tosta que se hace con las tripas del animal (y otros aderezos, foie, etc.)… ya me dan ganas de volver a repetir…

Pero vamos por partes ¿Qué tiene ese pajarillo picudo para ser tan especial y ocupar un lugar de honor en el imaginario gastronómico? La denominada “reina del bosque” (otros nombres que toma según la zona son “chocha”, “sorda”, “ciega”, todos ellos sin justificación biológica) es una de las pocas comidas de consumo esporádico que aun presenta un aura de misterio; solo se puede cazar durante 3 meses y su comercialización está prohibida. Su gran misterio estriba en la biología del ave, la dificultad de su caza, la necesidad de maduración de la carne y la completa comestibilidad de sus tripas.

Respecto a su prohibición de comercio, hay que acudir al Real Decreto 1118/1989, de 15 de septiembre, por el que se determinan las especies objeto de caza y de pesca comercializables y se dictan normas al respecto. En concreto, en el Artículo 6, disposición primera:“La comercialización interior de especies objeto de caza y pesca no contempladas en el anexo del presente Real Decreto será considerada como infracción leve, en el caso de ejemplares muertos, y como menos grave, si se trata de ejemplares vivos.”, siendo las del Anexo: Ánade real (anas platyrhynchos), Perdiz roja (alectoris rufa), Perdiz moruna (alectoris barbara), Faisán (phasianus colchicus), Paloma torcaz (columba palumbus), Paloma zurita (columba oenas), Codorniz (coturnix coturnix).

El Departament de Medi Ambient de la Generalitat de Catalunya, refuerza lo dicho antes, cuando en el DOGC num. 3687 de 29/7/2002, punto 4.11 asevera “Resta prohibida la caça de la becada a l’espera o aguaits, abans de la sortida del sol i després de la posta. Es recorda la prohibició del comerç d’exemplars vius i morts de becada, d’acord amb el que preveu el Reial decret 1118/1989, de 15 de setembre, pel qual es determinen les espècies objecte de caça i pesca comercialitzables i se’n dicten normes al respecte.

En resumen, que como la becada no figura en el famoso anexo, eso implica que, sobre el papel, si un restaurante ofrece becada tiene que ser porque personas vinculadas a la casa las han cazado o porque son el regalo de algún cazador amigo. Y esa es la ley… lo que suceda en realidad escapa a mis competencias…

No se ha conseguido reproducir en cautividad. Respecto a su caza (de nuevo me considero incompetente al respecto, ya que como mucho he empuñado alguna escopeta de esas de romper palillos en la feria), pero al parecer es dificultosísima; es un animal muy rápido y silencioso. Decía el experto cazador Miguel Delibes: “El tiro de la becada debe ser precipitado, pues aspirar a recrearse en él es arriesgarse a no disparar.”

Se trata de un ave pulcrísima, siempre esta limpia por dentro y por fuera. Es insectívora; el gusano de tierra es la base de su alimentación (ingiere al menos unos 150g diarios) Su sistema digestivo no cría nunca parásitos; su digestion es la más rápida que hay, por lo que se pasa el día literalmente evacuando, lo que conlleva que las tripas estén siempre limpias ya que nunca se acumulan excrementos; tal cual entran, salen. Citando al Diccionario de autoridades (1729): “Dicen se sustenta metiendo el pico en la tierra y chupando su xugo, o humedad, porque ordinariamente en el buche ni las tripas no se le encuentra alimento ni excremento alguno, por cuya razón se comen con tripas y todo.

Otra particularidad de su preparación, es que debe someterse a faisandage, el proceso de putrefacción controlada o maduración óptima necesario para que las fibras de las piezas de caza se ablanden; se designa con un galicismo derivado del faisan, el ave más señorial de la cocina francesa. Ojo, no todas las piezas de caza mejoran; una codorniz, por ejemplo, debe consumirse recién muerta. La becada, por el contrario, es la que admite mayor maduración; la limpieza de sus tripas es tal que lo posibilita. Una anécdota del gran gastrónomo francés, Curnonsky, dice que un conocido suyo consideraba el punto óptimo de maduración “cuando la becada soltaba por la boca gotas de un jugo verdoso” (se colgaba por las patas, cabeza abajo). Esto hoy día nos repugna, por lo que la cocina actual aplica en media un periodo de maduracion de entre 1 y 2 semanas, dependiendo de si la maduración se hace al natural o en nevera.

Una vez madurada se cocina, siendo la receta clásica el “salmís”: un estofado de caza de pluma preparado con la carcasa, vino, y, habitualmente, la piel del ave cocida. Por el contrario, un “civet” es un estofado de caza de pelo, con cebolla y vino negro, ligado al final con la propia sangre de la pieza. Por tanto, comeremos “civet” de liebre o jabalí, pero “salmís” de becada. Se presenta con la tostada de paté de las tripas, como hemos dicho antes, y siempre se muestra la cabeza y el pico del animal, para que no queden dudas que se trata de una becada, ya que no hay ningún pájaro similar.

Dice Dalí, en Les dîners de Gala (1973): “La esbelta anatomía de una becada dispuesta sobre una fuente alcanza, podríamos decir, las proporciones de la perfeccion rafaelita”.

Estamos de acuerdo.

Todo esto y mucho más lo encontrareis en un fabuloso libro “El Capvespre de la Becada” de Jaume Coll, publicado en Montagud, recomendable al 100%.

Lechazo Sinde

18 octubre, 2010

Reza el dicho:

De la mar, el mero,

de las carnes, el cordero

de las aves, la perdiz

de las damas, Beatriz.

Ignoro los encantos de la tal Beatriz, que seguramente tendría los suficientes para inflamar el deseo del poeta, pero no puedo estar más de acuerdo en lo referente al cordero, seguramente mi carne favorita.

Y si de corderos toca hablar, para el particular cocinillas de a pie (ajeno al complejo entramado de proveedores de la restauración profesional) que quiera darse un homenaje corderil, resulta insuperable acudir a la siguiente dirección www.lechazochurro.com, la versión virtual de la Caniceria Sinde, sita en el Mercado del Val de Valladolid.

Los descubrí merced al excelente blog de Roberto (“El Pingüe”) http://blogs.publico.es/elpingue/401/sinde. Son especialistas en lechazo churro, la piedra filosofal de todo asador que se precie. Esta es la segunda vez que acudo a sus servicios y seguramente habrá muchas más, puesto que la calidad y profesionalidad que se averigua detrás es impresionante. Empezando por la oferta de la web, que además de cordero y sus despieces (costillitas, casquería, etc.) también incluye cochinillo y chuletón… y terminando por el sistema de entregas (servicio “SEUR frío”, que garantiza por un precio muy razonable, la llegada del producto en perfectas condiciones antes de las 13:30 del día siguiente al pedido). Este es el aspecto al recibir la mercancía:

La unidad mínima sería el cuarto de cordero lechal (calculen que 1 cuarto es para dos personas), si bien hay un pedido mínimo (creo que 75€) para portes afuera de la provincia de Valladolid. Esta vez pedimos también chuletillas y cochinillo, que guardamos congelados para otra ocasión.

Sería un pecado usar un animal tan noble en algún guiso o preparado que enmascare su sabor, por lo que mi recomendación es clara: asado al horno según la receta tradicional castellana y acompañado con ensalada (nada de poner patatas ni guarnición alguna). No os preocupéis si no tenéis horno de panadero, os aseguro que sale estupendo en un horno doméstico cualquiera; la receta solo requiere buen producto (y este es buenísimo) y tiempo… los resultados se equiparan a los de los mejores asadores castellanos, y mejoran los de muchos asadores no tan buenos.

La receta es muy sencilla:

1)    Precalentar el horno a 160º (mejor ponerlo en función de horno + ventilador)

2)    Untar las piezas por ambos lados con manteca de cerdo y con abundante sal gruesa (el cordero admite bien la sal, no os preocupéis). Las disponemos en la bandeja delgada del horno (previamente untada con manteca de cerdo) y vertemos un par o tres de vasos de agua, que serán la base de la “salsa” que se producirá en el asado. Mejor disponer las piezas de modo que la parte externa del animal esté en contacto con la bandeja, y la parte interior esté hacia arriba.

 

3)    En la rejilla del horno disponemos algunas hierbas aromáticas. Imprescindible el romero, también se puede poner tomillo, laurel… a gusto del consumidor.

4)    En la bandeja gruesa vertemos también 3 vasos de agua, cuya función será la de que en el horno siempre haya la humedad necesaria para el asado. No queremos que el cordero se queme ni tampoco que se hierva, sino que se ase, por lo que se deberá vigilar que siempre haya agua durante la cocción e ir rellenando a medida que se gaste. A mi me gusta poner en la bandeja junto al agua una cabeza de ajos (los granos separados, con su piel y muy levemente machacados con un golpe de cuchillo ancho)

5)    Disponemos el conjunto en el horno. En la parte alta (sin llegar a la ultima regata) el cordero; debajo la rejilla con las hierbas, y en la parte más baja el agua con los ajos.

6)    Dejamos el conjunto en el horno, mínimo una hora, vigilando que el nivel de agua no baje en exceso.

7)    Cuando ya está la pieza bastante dorada, es el momento de darle la vuelta y tenerlo un ratito más dorándose por la otra cara, digamos que mínimo 45 minutos  más.

8)    Finalmente remataremos subiendo la temperatura del horno a unos 200º, para darle un toque algo más crujiente a la parte de arriba; ojo, sin llegar a quemarlo, hasta obtener algo similar a lo de la foto:

9)    En conjunto, entre preparar y asar se os irán unas 2h 30′ o 3h tranquilamente. Calculad bien, por tanto, a que hora llegan los invitados y el manejo de los tiempos, no sea que el cordero tenga que esperar en el horno (mejor que esperen los invitados) Aunque si veis que el cordero ya está a punto, bajáis el horno a unos 60º y os aguantará bien durante el rato necesario para cuadrar los tiempos. En todo caso es difícil equivocarse. Mirad el fantástico aspecto una vez troceado (habrá que esperar a Internet 3.0 para transmitir el aroma y sabor del bicho; fabuloso)

10)    Se trata de comer cordero y darle protagonismo, por lo que deberá presentarse en la mesa junto con una sencilla ensalada y un buen pan para mojar el jugo (una vez terminado el asado, os quedará una prudente cantidad de “salsa” en la bandeja del cordero, formada por el agua que hemos puesto al principio y los jugos que ha ido desprendiendo el animal; podéis presentarla en un cuenquito para que los viciosos comensales mojeteen, no la metais toda en la fuente del cordero porque lo ablandaría y enfriaría en exceso). Dicen que un poco de jugo de limón ayuda a desglasar la bandeja y recuperar más “salsa,” pero yo no lo aconsejo para no alterar lo mas mínimo el sabor.

11)    Nada de entrantes fuertes; dejad los canelones de la “iaia” para otro día. Algo fresco, un picoteo, un marinado suave… os podéis lucir con una par de entrantes “creativos” del estilo aperitivo de menú degustación, pero que no sea demasiado pesado. Nosotros optamos por unos pequeños bricks rellenos de queso, una gamba crujiente con chupito de sopa de cebolla, y unos daditos de salmón marinado en casa, con vinagreta de setas y germinado de col. Pijotadas para hacer boca y vacilar un poco demostrando a los comensales que no solo sabemos hacer “cocina tradicional”. Pero sed moderados que el cordero es el rey.

12)    Imprescindible un buen vino, casi obligado un Toro o un Ribera, tintos corpulentos que arrastran a la perfección la grasilla del cordero. En este caso, la excusa de la celebración era probar un Thermantia (compartiendo costes entre cinco se hace más llevadero); lástima que sólo había una botella jeje. Se trata de un Toro de altísimo nivel, el hermano guapo del Numanthia… más fino y con más postgusto que éste. He probado muy pocos vinos de ese precio (esta añada 2006 se encuentra por unos moderados 130€ en comparación con otra añadas) por lo que no sabría decir si los vale o no, sólo que estaba muy rico.

El Monstruo de las Galletas

9 octubre, 2009

Despues de leer este fantástico post de David de Jorge www.daviddejorge.com/2009/10/02/galleta-de-nuez/ conseguí probar las míticas galletas, y suscribo plenamente lo que se cuenta de ellas. Tan solo llevan mantequilla, azucar, harina y nueces…pero que nueces! Un producto artesanal de los que vale la pena disfrutar. No me extiendo más porque David lo cuenta mucho mejor que yo. Podeis encargarselas a Jordi Rafel, por email (Lalionesa1857@hotmail.com) o teléfono (973 621 126) y a ver quien es el guapo que no se zampa la caja en menos de 5 minutos.


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