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Can Barris: 60.000 Caracoles a la semana!

26 enero, 2011

Acudimos por tercera vez a este templo del caracol, que paradójicamente no se encuentra por tierras de Lleida, sino de Girona (muy cerca del aeropuerto).

Domingo. Abarrotadísimo hasta la bandera. Habíamos reservado para el turno de las 15:00 y tardamos más de 45 minutos en poder sentarnos… ya sabéis lo que opino de los turnos dobles, pero es lo que hay…

El complejo y el local son enormes, al menos se agradece que haya un parque infantil donde entretener a los pequeñuelos… aunque se puede amenizar la espera, observando la barroca decoración del restaurante, donde el caracol es el absoluto protagonista, en paredes, manteles, esculturas, cuadros, estatuas…. Un must para los amantes del interiorismo freak.

Los caracoles hay que encargarlos, y se presentan en “llaunes” por múltiplos de 50, siendo la “llauna” más pequeña la de 50 y la mayor la de 200. En esta ocasión, a diferencia de las dos precedentes, optamos por un primero sencillo a compartir (ensalada, embutidos, escalibada) y darle luego el protagonismo al caracol, con 100 caracoles por comensal.

Recomiendo mucho esta elección, ya que hay quien prefiere tomar de primero los caracoles (unos 50 por comensal) y de segundo alguna carne a la brasa. Craso error, en primer lugar los 50 caracoles posiblemente sabrán a poco; en segundo lugar, pese a que los segundos puedan ser decentes o incluso ricos, no resistirán ni de lejos la comparación con los gasterópodos que les precedieron. Aquí se viene a comer caracoles y lo demás es pura anécdota. De mis anteriores visitas no guardo recuerdo alguno de los segundos, pero los postres están bastante bien (el recuit de drap espectacular, y el yogur ecológico no le iba a la zaga)

Sobre los caracoles, qué decir: son absolutamente memorables. Una salsa que parece tan sencilla como mágica (llevará tomate muy concentrado, pan rallado, muchisima pimienta, y poco más) y que le da un sabor muy potente pero acertadísimo. Por la noche a beber agua como las ranas.

Haciendo mis cálculos me salía que en un domingo de plena afluencia como en el que acudimos, podían servir tranquilamente 20.000 caracoles. Le pregunté al camarero y mis cifras resultaron bastante acertadas; gastan unos 60.000 a la semana, siendo Domingo el día fuerte. Se los traen de un vivero en Huesca (supongo que ya limpios, eso no lo pregunté) y son de una asombrosa regularidad en sabor, textura y tamaño; más bien pequeños.

Pues ya lo sabéis, si os gustan los caracoles ya estáis tardando, y si no os gustan, mojáis pan en la salsa y asunto arreglado.


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