Cuando leí el reciente post del Gran Gurú Philippe (http://observaciongastronomica.blogspot.com/2010/12/villa-50sant-cugat-del-valles-barcelona.html), supe de inmediato que Villa 50 sería uno de los sitios que tardaría muy poco en visitar; en primer lugar por la proximidad (a escasos 20 minutos de casa), en segundo lugar porque la apuesta parecía muy original y bien ejecutada, y en tercer lugar porque si a Philippe le gustó, difícilmente me decepcionaría.
Ciertamente se echaba en falta un restaurante de estas características en Sant Cugat, una plaza donde cuenta con mucha clientela potencial.
Nada más entrar, en la recepción, encontramos una carta donde hay una declaración de intenciones:
En cuanto a la comida, optamos por el menú degustación, consagrado a las verduras, que son la seña de identidad de la casa; no en vano, el peculiar propietario (Ángelo Cambero) es dueño de un magnífico Relais&Chateau en Navarra, el reino de las verduras: http://www.hotelelperegrino.com ; no lo conocía y dan unas ganas tremendas de ir.
El menú es tan de temporada y cambia con tanta facilidad, que a penas coincidió ningún plato con los que habíamos visto en el post de Philippe.
El primer aperitivo, a base de chorizo y morcilla, resultó toda una provocación, ya que supone empezar de la manera más carnívora y colesterólica posible, un supuesto menú cuasi-vegetariano. Me encantó el guiño.
Ensalada de puerro con escarola. Bastante buena, muy al dente, y con un acertado toque de acidez en la vinagreta.
Alcachofas de Tudela.
Deliciosa la cremita de coliflor con setas.
Sutilísimo, el mejor plato del menú, el canelón de borraja.
Muy bien también el cardo con piñones. Lo había comido con almendras, pero los piñones le dan un toque muy logrado.
Y espectacular el arroz de verduras, presentado en una extraña paella de cobre y cromo (patentada por los dueños) que al parecer tiene unas propiedades conductoras y difusoras que le hacen especialmente adecuada para la cocción. Bueno el grano, mejor las verduras, y con algún tropezón cárnico (morcilla, pollo y butifarra, esta última demasiado prieta para mi gusto), que serían la única proteína animal que contiene el menú si exceptuamos el primer aperitivo.
El señor Cambero, tuvo la amabilidad de (sin pedirlo) ponernos 4 postres distintos para que pudiesemos probarlos. A saber, un tiramisú deconstruido (con haba tonka rallada en directo), el bizcocho con pistacho, la cuajada y un helado de leche con macaron de cítricos. Todos bastante acertados.
Ah, y nos invitaron a un Pacharán casero, que es sin duda, el MEJOR QUE HE PROBADO! Precioso color rojo que al parecer se consigue reduciendo el tiempo de maceración de las endrinas. Lástima que la foto no haya salido bien, por lo que me abstengo de publicarla.
El pan bastante rico, y el servicio algo atolondrado, comprensible dado el poco rodaje. Charlen con el dueño, es un crack.
En resumen, una comida que disfrutamos mucho, y una propuesta muy original de este recién nacido al que esperamos ver crecer.













